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lunes, 1 de abril de 2013

Contra el cáncer social, Javier

 Por César Lévano


Una ola de solidaridad envuelve a Javier Diez Canseco, atacado por la maligna enfermedad del Cáncer. Es un homenaje merecido para quien es sin duda el más importante político de izquierda.
El Perú es el país de la farsa, no solo en la política. Hasta en las relaciones humanas campean el engaño, la mentira, la doblez. Javier es ejemplo de lealtad. Por eso chocaba a la derecha troglodita. Por eso lo calumniaron y ofendieron.

Conocí a Javier en los años ‘70, cuando surgió la llamada nueva izquierda formada en gran parte por alumnos de la Pontificia Universidad Católica del Perú, que brillaban por sus dotes intelectuales y su inquietud social. Enrique Chirinos, uno de los últimos mohicanos con talento de la derecha, los describió como “los niños bien que se portan mal”.

Nuestro personaje vivía en hogar acomodado, puesto que su padre, Santiago Diez Canseco era gerente del Banco Popular, la entidad financiera más poderosa de la época. Desde la universidad esa generación comenzó a irradiar en la izquierda. Recuerdo los debates en que este torrente de energías nuevas se enfrentó a la ortodoxia antigua, encabezada por el Partido Comunista Peruano. Una línea fronteriza los separaba: la nueva izquierda estaba contra el régimen del general Juan Velasco Alvarado; la vieja izquierda sostenía a ese gobierno, exagerando a veces el apoyo, puesto que creía que con éste nos íbamos al socialismo “como por un tubo”.

Al final, amasada con debates y encontrones, surgió, con la contribución de jóvenes como Javier, la unidad de la izquierda peruana, que en algún momento fue la más poderosa de América. Muchos dirigentes y militantes de la nueva izquierda creían que la vía para la revolución era la lucha armada. La frase de Mao: “el poder nace del fusil” era lema y doctrina; pero nadie se preguntaba de dónde nace el fusil. Acá no teníamos, como China, un vecino poderoso y ducho en la lucha por el poder: la Unión Soviética.

Diez Canseco fue actor principal de esos años de combate. Su talento de sociólogo y orador, su firmeza de convicciones, su carisma de líder, lo volvieron un protagonista de la política.

Pese al derrumbe del socialismo mundial y de la crisis de la izquierda peruana, Diez Canseco ha sabido mantener en alto las banderas de la independencia nacional, de la justicia social, de apoyo a la clase obrera y el campesinado, de rechazo al neoliberalismo, que implica negación de derechos y sacrificio del medio ambiente.

Severo en la tribuna e implacable en la denuncia y la crítica, Javier es también hombre alegre. Recuerdo que en una fiesta criolla, Manuel Acosta Ojeda, el gran compositor a quien llaman “El mono”, dijo a Javier: “Entre los dos formamos un mono-polio”. Javier, viejo amigo de Manuel, soltó una carcajada.

Ahora que el Cáncer lo ha atacado, recibe nuestro amigo la más fraterna solidaridad, en la confianza de que sabrá resistir a este mal físico así como ha combatido el mal social.